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Al microcuentista de metro noventa sólo se le ocurren microcuentos de niebla baja y niños muertos. Necesita poder templar las tripas con algo de luz; una pizca de humor, aunque sea negro. Aunque al final la risa se adivine breve y amarga. Quizá por eso imagine a dos niños bajo tierra, en un cementerio lamido por un sol sin contemplaciones. El niño muerto de la camiseta a rayas acaba de tirarse un pedo que por poco parte la caja. Cuatro tumbas más allá, el niño muerto de las zapatillas de marca ríe como un bendito.
—Tío, estás podrido —dice. El cementerio aulla de risa.

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Publicado: abril 12, 2011 en General, MundoFreak

El Hombre Del Saco metió en el ídem al Niño Que No Quería Comer Acelgas  y se lo llevó —llorando— a su cubil infecto. Cuando el Hombre Del Saco lo sacó —llorando— del ídem en el cubil infecto, el Niño Que No Quería Comer Acelgas se supo rodeado de chiquillos. Millares de pequeños monstruos armando una escandalera monumental.  De su edad alguno, mayores hasta la senectud el resto, niños  todos sin excepción.
—No tengas miedo  —le dijeron, felices—. Esto es genial…
El Niño Que No Quería Comer Acelgas dejó de llorar cuando le aseguraron que allí nunca comían verdura,  se ponían hasta el culo de chuches , de ganchitos y de ron con coca-cola;  que podían ver la tele hasta las tantas y ensuciarse la ropa  y contestar mal y decir palabrotas  y jugar a médicos y a papás y a mamás y al call of duty dos y a pelota dentro de casa  y con fuego y en la calle lloviendo y eructar y tirarse pedos y cruzar la carretera sin mirar  y chatear con desconocidos y bajarse porno y pelearse por todo por todo por todo…
Mientras los chiquillos enumeraban —en cuerpo o espíritu, que los años no perdonan— las ventajas de vivir en aquel cubil infecto, el Hombre Del Saco arrastraba el ídem por el suelo hasta el teléfono, que no paraba de sonar. Pues no eran pocos los padres que querían darle a sus hijos  —del demonio— un buen escarmiento.
El complejo de pene pequeño revolucionó la evolución, cuando el mono primigenio bajó del árbol para comprarse un coche enorme con el que ir al gimnasio (nunca a la biblioteca).
el profeta sexi
(a su hirsuta imagen y semejanza)
Perdona, una pregunta:
¿Los que se pelean se desean o te tengo que partir la boca?
¿Cuántos microcuentistas se necesitan para cambiar una bombilla? Dos. Uno para cambiar la bombilla y otro para besarme el culo.
Demás Egolatrías…

vigorexia en 1er. grado

Publicado: julio 28, 2010 en amigos, citas, MundoFreak
Quiero los bíceps como tríceps, los tríceps como cuádriceps y los cuádriceps como… quintillizos!