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—Mi vida sexual da  para tres novelas.
—Si las llenas de paja claro.
Un 16 de agosto de hace cinco años (cinco años ya) comenzó todo. Aunque lo parezca no ha terminado. Todavía.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

comiéndole la polla.

¿Nunca se han despertado con la sensación de estar siendo observados? A mí me ocurrió esta mañana, a eso de las tres de la tarde. Encaramado al cabezal me topé con la muerte montando guardia a los pies de la cama, tiesa como un poste de teléfonos, seria como un sancristo. Funeraria como suputamadre.
—¡M-me has dado un susto de muerte! —las gónadas en la boca y los esfínteres a punto de caramelo pero el tete jugando con fuego.
Flaca como un pajarito frito, la muerte parecía triste como a un bar cerrado, desamparada como un perro lamiéndose el pijo sobre la tumba de su amo.
—Ese chiste es más viejo que yo —dijo.
Taquicardia, sudor frío, un amago de aneurisma, pipí.
—Si te parece te cuento el del perro Mistetas. —Que levante la mano quién no haya fantaseado alguna vez con estirar la pata de manera heroica y absurda. Oh, sí.
La ausencia de músculos o pellejo no impidieron a la muerte perfilar una sonrisa de cinemascope, muestrario de lápidas por estrenar.
—¿Todavía sigues escribiendo esas historias sobre mí? —afirmó. Los signos de interrogación eran una licencia poética, un pacto de no agresión. Fina ironía.
Le eché la culpa a la inspiración, caprichosa. A las musas, veleidosas. A Terry Pratchett. A la medicación.
De guardia a los pies de la cama, tiesa como el cadalso, seria como un mal arbitraje, funeraria como suputamadre la muerte bostezó en un ángulo 180 grados. Esas cosas se pegan como el amén en una iglesia, aunque temo que aquel reflejo de mi falta de sueño era en su caso síntoma de un profundo aburrimiento.
—La manía que os ha entrado a todos con humanizarme —dijo. No sé si antes o después de que me durmiera.
Cuando bajé a almorzar, a eso de las seis de la tarde, el bonsai que me trajo Papá Noel estaba trasplantado en el jardín, dónde hace años hubo una higuera colosal. Había huellas de pies descalzos en la tierra. Descalzos hasta el hueso.