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Un 16 de agosto de hace cinco años (cinco años ya) comenzó todo. Aunque lo parezca no ha terminado. Todavía.
La frustración de nuestro protagonista por dormirse antes de que acabara la película, fue pareja a la de despertarse sin saber cómo terminaba el sueño. Koniec.
Dos tipos en blanco y negro, sombrero, gabardina, cigarrillo, blablablablá. El del mentón cuadrado da pié a la contraseña.
—La piel es el órgano más grande del cuerpo humano.
Al otro tipo le puede el carácter al replicar.
—¡Hable por usted!
Cruce de plomo, noche cerrada, algo de jazz, blablablablá.
versión hetero aquí

lápida LXIII (cuidao)

Publicado: junio 2, 2011 en amigos, cine, General, lápida

SOBRE LA GRACIA DIVINA

Cuando Jesús lo señaló con el dedo en el monte de los olivos, Pedro, de nombre Simón, se quedó mudo a mitad de un chiste de rabinos. Las piernas le temblaron cuando el hijo de Dios, con aquella voz que te ponía el vello de punta, le dijo: <<De cierto te digo que tú, hoy, esta noche, antes de que el gallo haya cantado, me negarás tres veces>>.
Pedro, de nombre Simón, deseó que se lo tragara la tierra. Aliviados de que la cosa no fuera con ellos, los demás discípulos le reprocharon su cobardía alrededor.
—Yo, no —les dijo.
—Tú, sí —dijo Jesús.
A Pedro, de nombre Simón, comenzó a darle todo vueltas, y no sólo por abusar de la sangre de Cristo durante la última cena. El monte de los olivos, las sanaciones, las parábolas, el paseo por el mar, el sermón de la montaña, la multiplicación de los panes y los peces, la transmutación del agua en tinto. Lázaro andando, su suegra sana (qué maldita la gracia), el monte de los olivos, las sanaciones. Las parábolas. El paseo por el mar…
—No. Imposible —sudaba.
Jesús asintió profético.
Pedro, de nombre Simón, se sentía cada vez más pequeño ante sus bondadosos ojos, insignificante bajo aquella mirada que perdonaba lo imperdonable (la mirada con que te llamaba Pedro y no se te ocurría contradecirle). Trató de recuperar la dignidad ante el resto de discípulos.
—¡Qué no, coño! —se conjuró.
Jesús se dio la vuelta. Omnipotente, más humano que nunca -pulgares en las axilas, afilados los codos-, no pudo contener su última risa.
—Coc-Cooc…