Archivos de la categoría ‘a mí dame prosa’

En el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero si los ciegos votaran en referéndum por la república el tuerto sería sólo un tuerto; hasta un ciego vería eso.
Cómo será de microcuentista el microcuentista de metro noventa y seis, que dice que mide metro noventa para abreviar y todavía se queda corto.

Sobre los apuntes de un día de mierda (y subiendo)

 Finjo mis sarcasmos.

El rosa palo es un color y subiendo de tono está el púrpura palote.
todo parecido con la realidad es
maestro yoda
(piensa en verde)
En el insustancial devenir del microcuentista pasan algunas cosas, pero supongo que no están aquí para que les cuente su vida, un cuento tiene un pase pero. Es justo, rebobinemos: en la vida del calentador de retretes de su majestad hay un hola, un hasta luego (porque el micrcalentador de retretes de su majestad nunca dice adiós) y palabras, palabras, muchas palabras. Sentado en el trono que nos iguala, atemperando con sus nalgas la temperatura de la loza para el distinguido derrière de su majestad, el mcalentador de retretes no puede más que desearles buen viaje. Tanto si vienen y como si se marchan; personas y palabras. Buen viaje y buena suerte. Algunos dirán que esto ni es un microcuento ni es nada. Tienen razón, es justo eso. Pero como concesión a su público, en agradecimiento a su paciencia, el microcuentista se guarda un final feliz en la manga. Su majestad no podrá hacer caca. El rey del microcuento terminará frustrado y con el culo helado, como todo hijo de vecino amén.
—Mi vida sexual da  para tres novelas.
—Si las llenas de paja claro.
Dentro de un contenedor de basura muere un niño. Con la muerte no se juega, imagina ganarle al escondite. Dónde están mamá y papá, pregunta la muerte, pero el niño es demasiado pequeño para decir que no lo sabe. De ser mayor le podrían los huesos rotos y las quemaduras de cigarro. La muerte lo envuelve en su mortaja, pesa como a un pajarito. Vamos a buscarlos, le dice, cuenta hasta cien.

pregunto

Publicado: septiembre 10, 2012 en a mí dame prosa
Puede uno sentirse vacío y lleno de mierda a la vez.
Un 16 de agosto de hace cinco años (cinco años ya) comenzó todo. Aunque lo parezca no ha terminado. Todavía.
Debido a la evidente escasez de princesas guisante, que algunos puristas de la heráldica creían extintas, en el país de siempre jamás la monarquía se había visto obligada adaptarse al devenir de nuevos tiempos, denominados modernos, relajando sus tradiciones ancestrales con afán de acercarse al populacho, en un desesperado intento por sobrevivir y, por lo tanto, perpetuarse. No era extraño pues oír de reinos cada vez menos pintorescos, en voz de cronistas del folclore popular por quienes damas de sangre vagamente celeste perdían derechos de sucesión y enaguas, acompañados con edulcorados riffs de laúd de juglares errantes que acaparaban mayor admiración y devoción entre la plebe que la mismísima realeza, por magnánima y campechana que fu-pareciera, oír decíamos, cuentos de princesas calabaza y princesas sandía. O res muerta.
Un tipo entra en un bar y comienza a disparar indiscrim
—Pero yo le quiero…
—No confundas el amor con el síndrome de Diógenes, cariño.
MEDIA NARANJA;- Ole…
LA OTRA MEDIA:-) Ole tú.
LIMÓN:-( Oléis los dos.