Archivos de la categoría ‘2003’

Un 16 de agosto de hace cinco años (cinco años ya) comenzó todo. Aunque lo parezca no ha terminado. Todavía.

colegueo intolerable

Publicado: julio 15, 2009 en 2003, biblia, citas, lápida, MundoFreak, sangre


Observé cuando leí la biblia en su momento, no hacía falta ser muy observador tampoco, que en los Salmos aparecía varias veces la palabra JAH para denominar a Jehová. La confianza ya daba asco antes de Cristo. Estaban tan acostumbrados a pedir clemencia o la destrucción de los enemigos en aquella época, que se dirigían al altísimo con un diminutivo. Un mote!
—Arrasa a mis enemigos con tu misericordia, oh Jah —decían.
—Enróllate, oh Jah, que pún que pan —decían.
Aunque no lo recojan las escrituras, más de una vez debió de oírse replicar a las nubes:
—¡MÁS RESPETO QUÉ SOY TU PADRE, NO UN AMIGOTE DEL BAR!

sobre la ética y la estética

Publicado: julio 12, 2009 en 2003, microcuentos

El diputado con complejo de pene pequeño no se ducha en el gimnasio por miedo a que le pongan motes, como en el internado. También porque se sabe incapaz de no compararse con los demás hombres y ello podría dar pié a equívoco, mirándoles el paquete todo el rato. Si pudiera ducharse con la erección equina que contempla desde hace unos minutos en el retrete del congreso, los traumatizados serían los demás. Serían ellos quienes, de reojo, desearán uno igual. Pero pensarían lo que no es, excitado entre iguales; dada su filiación y aspiraciones políticas no podía permitirse tal tipo habladurías. Con gusto el diputado se quitaba ahora mismo cinco o seis —o siete!— de esos centímetros latentes que  le agitaba con recelo la portavoz de la oposición en los retretes del congreso, para que le colgaran sin más de la polla en las duchas del gimnasio. Oh, sí.

La mujer fingió no tener un orgasmo. Tampoco esta vez.

En perversidades anteriores:
Perversidad I
Perversidad II

157.256 personas perdieron la vida durante los bombardeos. La ciudad había sido reducida a un fino polvo gris, mezcla de hormigón y huesos. El único edificio que se mantuvo pie fue La Gran Biblioteca. Los supervivientes bajo su techo murieron creyendo que se trataba de un milagro. Pero no hay moraleja, parábola o alegoría a la que aferrarse; los libros habían sido quemados mucho antes de empezar la guerra. Sus cenizas se confunden ahora con las de la gente muerta.

Si hubiera sabido antes lo que sé ahora, me habría comprado una moto.

portero

En el minuto noventa y cuatro de partido, con el marcador cero a cero, el esférico llegó a Jesús que, con un suave toque con la pierna izquierda, lo elevó por encima del portero, lejos de su alcance. Gol.

sobre la sinceridad

Publicado: febrero 12, 2009 en 2003, ella, lápida, malafolla, microcuentos, sueños

Como siempre que terminan de hacer el amor, ella le susurra al oído lo bien que ha estado; no entiende como puede aguantar tanto, es increíble; jamás ha habido nadie como él, nunca; la vuelve completamente loca, hace que le tiemblen las piernas, que sienta volar; pierde el mundo de vista. Con ello espera que permanezca la noche en vela, abrazándola.
—Dime tú algo bonito —le pide al cabo, melosa.
Él la besa.
—Las tetas de tu hermana —dice.
Ella se da la vuelta.
—Cabrón.
Él sonríe. Ha jugado bien sus cartas.
—A mí me gustan —miente. Al rato, duerme.

El fin del mundo; así, para empezar. En mitad de la destrucción dos supervivientes, desnudos a causa de la explosión, la penuria, poco importa ya. Dos únicos supervivientes que acaban de encontrarse, guiados por la necesidad de saberse acompañados.
—Soy Eva —dice ella, tapando su desnudez lacerada.
Él cubre sus llagas con una hoja de parra.
—Adán.
Un tímido rayo de sol se abre paso entre el hollín suspendido. La brisa aleja el hedor de la carroña dónde ningún ser humano puede olerla. Adán y Eva se toman de la mano, alejándose de espaldas al lector, tragados por el humo y la ceniza.
—Soy estéril —dice ella.
Él aprieta su mano con fuerza. Nunca hasta entonces había creído en Dios.
—Yo homosexual.

sobre el armaggedon

despertador de m

Publicado: enero 23, 2009 en 2003, inocencia, lápida, sangre, sueños

He soñado con la yaya Magdalena. Trataba de convencerla que estaba muerta. Hacía vida normal. Estaba guapísima. Nunca fue fea.

Un niño persigue una mariposa blanca por el bosque; ríe como un manojo de cascabeles, angelito. Otra mariposa blanca se une a la primera, revoloteando alrededor enamoradas, juguetonas. Con la tercera mariposa blanca, las carcajadas del niño aumentan entre la hojarasca. Nunca será consciente de pasar de perseguidor a perseguido. Cuando el enjambre de mariposas blancas consigue tumbarle al suelo, comienza a devorar su menudo cuerpo con un frenesí de alas rojas; el niño sigue histérico de risa. El tipo de risa incontrolable que producen las cosquillas. Una risa sin desmayo. Desesperada risa.

La nave aterriza con suavidad en una pista privada, todas lo son. Un numeroso grupo de extraterrícolas descienden por la pasarela automática, que conduce a la terminal de llegadas intergalácticas. Allí son recibidos por un atildado robot de protocolo, que les dedica una leve inclinación de cabeza.
—Bienvenidos a la Tierra.
Tras ellos, un eficiente ser humano acarrea cómicamente las maletas.

sobre la penitencia

Publicado: diciembre 13, 2008 en 2003, ella, General, lápida, microcuentos, sueños

En la flor de la vida, el enamorado del amor romántico paseaba por el cementerio cuando encontró su propia tumba. Comprendió que la muerte es sólo eso: una lápida entre lápidas. Frente a la suya, ajada por el tiempo y el olvido, una anciana encorvada de pelo ceniza deja una rosa roja sobre la nieve blanca. El enamorado del amor romántico la mira contemplar su lápida durante horas, quizá días; la eternidad. Velándole sin derramar una lágrima, ya no. Mientras la lluvia empapa el vestido negro de la anciana —ha olvidado su nombre pero no sus tirabuzones de muchacha, rojos sobre su piel blanca—, un rayo de sol atraviesa al enamorado del amor romántico para perfilar sus sombras sobre la lápida, sin que ninguno de los dos sienta ya nada. Muertos ambos.