Archivos para octubre, 2012

Las luciérnagas zigzaguean alrededor de los samuráis. La coreografía de sus aceros perturba apenas aquellas pinceladas de luz en mitad de la nada, como si ignoraran su presencia o la toleraran. Dos vidas en un instante, luego una; después nada. Las luciérnagas siguen prendidas a la noche cuando todo acaba.
—Sabes la frase que sale en la base de los condones?
—Qué frase?
—Ah, que tú no necesitas desenrollarlos del todo…
Dentro de un contenedor de basura muere un niño. Con la muerte no se juega, imagina ganarle al escondite. Dónde están mamá y papá, pregunta la muerte, pero el niño es demasiado pequeño para decir que no lo sabe. De ser mayor le podrían los huesos rotos y las quemaduras de cigarro. La muerte lo envuelve en su mortaja, pesa como a un pajarito. Vamos a buscarlos, le dice, cuenta hasta cien.
 
En el filo de la luz de una farola un tipo fuma, despacio, como si intuyera que iba a ser su último pitillo; tiempo de descuento, una prórroga. Lo es, pero el tipo no tiene forma de saberlo todavía. Tras la última calada como una caricia, un beso de Judas, el tipo se vence hacia la luz y precipita al suelo; nueve coma ocho metros por segundo para aterrizar a la vez que la colilla. El humo del cigarrillo araña el aire al escapar, junto a su vida, por la brecha carmesí que le abre en la garganta una sonrisa. A la altura de los ojos, abiertos sin comprender, la suela de un zapato de tacón rojo aplasta la colilla contra la acera. Sin regodearse. Hay quienes creen que todo el mundo tiene derecho a un momento de paz consigo mismo y con el mundo antes de morir, incluso aquellos que no se lo merecen. Hay gente capaz de creerse cualquier cosa. Como que más tarde un pie descalzo hasta lo metafísico, veintiséis huesos unidos por la voluntad de existir al filo de la luz de una farola, ahogarán los últimos rescoldos de aquella colilla que, consumiéndose, agonizará sobre la acera todavía. Todavía.

oda a los tiramisuses

Publicado: octubre 6, 2012 en amigos, citas
El dulce es la sal de la vida.