sobre los plantígrados allanamientos de morada

Publicado: agosto 23, 2012 en cuentos para enfants terribles, General, inocencia, malafolla, microcuentos, sangre
Mamá osa y papá oso miran a ricitos de oro dormir en la cama —ni muy dura ni muy blanda— del nene oso, que llora todavía porque ya se quedó sin sopa —ni muy caliente ni muy fría— y sin silla por barata. Papá oso y el osito parecen poco a poco enternecidos por los rizos dorados de la chiquilla, pero mamá osa no permitirá que la dejen marchar de rositas, oh no… El cuento acabará como acababan los cuentos antes: eviscerada es poco; si la moraleja no sangra no enseña.  Porque mamá osa sabe algo que su esposo e hijo, conmovidos por la nube dorada que envuelve como un hechizo el rostro angelical de la muchacha y cuyo reflejo ilumina la estancia, ignoran. Algo que les hará recordar la recién violada intimidad de su propia casa. Durante el inventario de los daños mamá osa encontró un pelo en su —ni muy grande ni muy pequeño ni muy duro ni muy blando— consolador (qué esperaban de una pareja que duerme en camas separadas). Un pelo recio como el alambre y negro como el revés de un corazón. Ricitos de oro era una hippie teñida farsa.
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comentarios
  1. Loco dice:

    Al final va a ser que Ricitos de Oro era como la Pantoja. Consolador que ve, consolador que se le antoja (Carmen de Mairena dixit)

  2. pecosa dice:

    la sonrisa del día se la debo al consolador de mamá osa. puedes estar contento por la parte que te toca.

    mis abuelos dormían en habitaciones separadas, así que no quiero saber lo que debía ser el cajón de su mesita de noche.

    negro como el revés de un corazón. directo al ídem.

    • vittt dice:

      la parte que me toca de esa sonrisa me ha hecho sonreír, puedes estar contenta.
      la parte del consolador de mamá osa me ha hecho estar muy orgulloso de mí mismo, modestia al wáter. tengo unas cosas, a veces…

      en el cajón de la mesita de noche de mi abuela había medicamentos para erradicar todos los suicidas de un país pequeño. en el de mi abuelo un montón de despertadores.

      asusta lo que puede anidar en el revés de un corazón. incluso de uno bueno.

  3. Hugo dice:

    Ni muy pequeño ni muy grande, ni muy duro ni muy blando… pero caliente!!!
    Por cierto, negro como el revés de un corazón… Joder, Vittt… Insisto, qué bestia…
    Abrazos anorgásmicos (que los otros los dejo para mi señora).

    • vittt dice:

      consuela saber que apenas alcanza un cajón para hacer pequeña una cama, en las frías noches de invierno conyugal.
      puede salir cualquier mierda cuando escribo sin pensar. puede que el revés de la patata tome el mando entonces. o alguna gónada.
      abrazos multianorgásmicos. (los otros los dejo para cuando tenga una mi señora)

  4. kiram dice:

    Las osas son muy territoriales con lo suyo. A mí, nadie me toca el consolador, he dicho. ^^

  5. Has rizado el rizo del cuento. ¿Cómo osas?

  6. MA dice:

    ¿Esto de no aparecer es una hibernación plantigrada?

  7. silver price dice:

    Qué buen principio, qué buen principio ese de los amores. Pero lo mejor es que el resto no decepciona. Cada vez valoro más en los escritores la piedad hacia sus personajes. Aquí, además de piedad, se intuye el amor. Entre la avalancha de micros impactantes, esos que siempre son adjetivados de “brutales”, disfruto con los textos que bucean en lo cotidiano para encontrar, junto a la aceptación de la naturaleza humana, una chispa de ternura por los hombres y las mujeres reales.

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