sobre la innnnnmensidad y la música de las esferas (y los universos alternativos, ya puestos)

Publicado: julio 15, 2012 en la evolución, más allá de orión, microcuentos, reemisión
Los viernes -en la nave espacial megapolis, que vaga al albur de corrientes siderales y caprichos gravitatorios de un narrador omniscente en la permanente noche del universo- toca karaoke. Aunque lo pudiera parecer -el último hombre vivo acomete con la torpeza entrañable de no acertar ni una nota la canción Space Oddity de David Bowie– el de hoy no es un viernes cualquiera; nunca antes el último de su especie había logrado destilar porexpán. El resultado es algo parecido a dispararse con una pistola de señales en la boca. Si un par de gotas bastan para hacer saltar las tuercas una cámara estanca, qué no harán para ablandar un corazón. Para acorralar un alma. La tasa de alcohol en sangre incompatible con la vida del último ser humano le hace gustarse, seguir a cappella cuando la canción termina. La ha cantado tantas veces, tantos viernes que ni fu ni fa, que no necesita seguir la pelotita que bota sobre la letra. Tantas veces pero ninguna como ésa le había llegado Bowie tan adentro. Las poco discretas connotaciones homoeróticas le hacen sonreír un poco, después de todo aún se acuerda, ojalá no olvide eso.
El último hombre vivo no está borracho, porque uno no se emborracha con porexpán destilado, trasciende. Si no explota. Es en plan trascendental como la unidad robótica de mantenimiento -que acaba de interpretar  Sad Robot de Pornophonique con una precisión quirúrgica, matemática, no exenta de sentimiento, de duende- observa cómo lo apunta con una botella de esa mierda que le impide aplaudir sin darse de bofetadas.
—Tío —balbucea el último hombre, mientras su organismo trata de sobreponerse al porexpán y al nudo en la garganta que le oprime el pecho—. Si me quedaran lágrimas lloraría.
Podrían ser sus últimas palabras. Digno epitafio para el final de una estirpe, con sus más y con sus menos, siendo generoso como siempre con los muertos. Unas últimas palabras que no hubieran estado mal, dadas las circunstancias, pero aferrado al micrófono de reproches que es esa botella, al todavía último ser humano le sobran redaños y fuelle para añadir:
—Ahora la Macarena!
Anuncios
comentarios
  1. Liacice dice:

    Joder, si esas van a ser las últimas palabras… Ja, ja. Sí que es cotidiano el Apocalipsis, sí. Ciertamente. Muy coherente con lo que ya nos anuncias, je, je. Genial, como acostumbras. HUMOR CON MAYÚSCULAS

  2. pecosa dice:

    el otro día en el metro una chica cantaba no sé que canción, una de estas que salen tanto en m80. tenía una voz potente, pero era entrañablemente torpe con la afinación. está comprobado que puedes tener un gran instrumento y no dar una (interprétese como se quiera).

    space oddity, qué profunnnndo. uno siempre se gusta cantando cuando toma porexpán destilado. pagaría por ese recuerdo del último hombre vivo que le hace sonreír. y por la prohibición de la macarena.

    • vittt dice:

      la chica tenía mal oído pero buena voz, es algo. lo mío es al contrario. acierto con las notas pero hago llorar a los perros.
      cuántos arrastrando el contrabajo en el metro habrán pensado por qué no me decidiría por la harmónica? yo es que por no cargar con peso toco las palmas… (interprétese como se pueda)

      quizá recuerde algo que no pasara en realidad, o que no pasara como lo recuerda, ya sabes cómo son los recuerdos. eh, macarena?

      • pecosa dice:

        si aciertas con las notas pero no tienes buena voz hazte cantautor. a la gente le importa tres pepinos que los cantautores tengan voz. mira a sabina, que tiene una voz de carajillero que no puede con ella y está forrado. fíjate por ejemplo en el micro de arriba, podría ser tranquilamente una canción de cantautor (en la nave espacial megaaaapolis, que vaga al albuuur de corrientes sideraaaales, anda que no da el pego)

        aaaaaay!

      • pecosa dice:

        (la canción del último hombre vivo sería una cosa así, pero más grave, si quieres 😉 )

      • vittt dice:

        para cantautor tampoco hay que saber tocar mucho la guitarra, es una opción. necesito un cambio de vida, quizá aún sea posible. aunque no dejaré se morirme de hambre con mi arte, siempre me quedará el consuelo de las groupies.

        aaaaay, sí.

        acústica. en voz baja, casi un susurro, grave por supuesto, ausente, autista, entre el humo de los cigarros. podría ser perfectamente una cosa así.

  3. kiram dice:

    El porexpán destilado mata las penas y seca el lacrimal, y a cambio desata la lengua.

  4. Hugo dice:

    Vittt… qué bestia eres! Y dicho en el mejor de los sentidos, si es que hay alguno malo.

  5. Ahhh, los viernes en la megápolis…
    Y a mí el porexpán me lo pasaban puro, ¿sabes? Que después de Bowie ponían alguna de la Carrá y yo bailaba con los pulgares.
    ¿Por qué os tuvisteis que morir todos?
    Solico me quedé.

  6. pablogonz dice:

    Con una cartulina negra delante de los ojos: “soy vitttodependiente”. Mañana vuelvo.
    Abrazo desoxiribonucleico,
    P

  7. MA dice:

    ¡Peligros del caraoke, con o sin porexpán!
    Por cierto, que el porexpán va a haber que probarlo.

  8. Hugo dice:

    Mmmmmm!!!
    Venga…
    Nuestra dosis de ponexpán, leches!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s