Archivos para mayo, 2012

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LA PETITE MORT

Cuando la mujer llega al orgasmo, un ángel consigue sus alas.

24/07/2008

El último hombre vivo ha logrado destilar porexpán. El resultado es algo parecido a dispararse en la boca con un rifle. Un par de gotas bastan para saltarle la pintura al microondas, con un trago alcanza para ablandar el corazón. Desempolvar el alma. El último hombre vivo no está borracho, porque uno no se emborracha con porexpán destilado, trasciende. Es en plan trascendental como la unidad robótica de mantenimiento se lo encuentra acurrucado en el cuarto de las escobas, apuntando con una botella de esa mierda hacia la oscura inmensidad del universo que engulle a la nave espacial Megápolis, tanto allá fuera como dentro.
—No recuerdo su cara —se reprocha. Pronto no recordará su nombre. Anna. Ann. A. El último ser humano bebe despacio para castigarse y porque no puede hacerlo más deprisa sin que salte la alarma anti-incendios. Su nivel de porexpán en sangre ha entrado conflicto con la vida, falta poquísimo para que sean esas sus últimas palabras; que no está mal como epitafio pero -contra todo pronóstico- logra mejorarlas—: Era bonita, eso no se olvida—. El robot de mantenimiento lleva rato en bucle, repitiendo  que lo deje ahí…  para sus adentros, como un mantra a velocidad positrónica. Las lágrimas del último ser humano presagian que no se va a callar mientras le alcance la consciencia y la rabia, que le alcanzan lo justo para en un vano intento por abarcar todo su mundo perdido sentenciar—: Tenía un culo como dos sandías.
Con la de trenes que he dejado escapar, mejor me compro una moto.