Archivos para septiembre, 2011

Las musas me llaman. Una de ellas. Me suelta: tengo un micro, apunta. Palpo la mesilla por soleares hasta dar con las gafas. Enfoco el despertador. Va de una muchacha de pelo rojo que le propone un trato a la muerte que no puede rechazar, me ametralla la musa. Paraparapara, me digo.
—¿Pero tú sabes la hora que es? —son las tres y media de la madrugada.
Me reprende a voces. Acaso estaba durmiendo, pregunta. Mi mutis vale por un millar de microcuentos. Está fuera de sí. Debería de estar borracho a estas horas, exclama. Fumando un cigarrillo tras otro frente a la máquina de escribir. Al borde del abismo. Apestando a sudor y desesperación. Husmeo bajo las sábanas, mmm, el nuevo suavizante huele a campiña inglesa destilada. Me espeta que el arte es compromiso. Implicación. Trabajo. Trabajo. Trabajo. Lágrimas. Cabeceando corners alcanzo a oír que el arte no cae del cielo, el arte hay que ganárselo, 24 horas al día, cada minuto, irresponsable, gilipollas.  Yo no hago tratos con fracasados, me escupe a cara a través del auricular. Hemos terminado. Cuelga. Apago el móvil, lo dejo sobre la mesilla, junto a las gafas, y me abandono a un sueño profundo y sin sueños. Dónde estaban su  implicación y su compromiso estas últimas semanas, pregunto. Qué le fuera a otro con ese cuento. Tiempo tendré de arrepentirme por la mañana. Festivos a mediodía.


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