Archivos para septiembre, 2011

Dos tipos en blanco y negro, sombrero, gabardina, cigarrillo, blablablablá. El del mentón cuadrado da pié a la contraseña.
—La piel es el órgano más grande del cuerpo humano.
Al otro tipo le puede el carácter al replicar.
—¡Hable por usted!
Cruce de plomo, noche cerrada, algo de jazz, blablablablá.
versión hetero aquí
Esta es una historia de cuando el mundo era en blanco y negro. Sus protagonistas son un tipo al que no mirarías dos veces, alguien normal y corriente, rasgos indispensables para un espía, ella es bonita, todas lo eran cuando el mundo era en blanco y negro, un puñado de pecas salpimientan sus mejillas. El escenario: un parque a pleno día. El tipo se ha acercado a la mujer, que espera junto al monumento a los caídos de una guerra -no la última- fumando un cigarrillo, deja el maletín junto al de ella, negros, idénticos, se toca el ala del sombrero.
—No recuerdo qué iba a decirle —dice—. Algo bonito.
La mujer parece reparar en él por primera vez, pero las apariencias engañan. Una racha de viento le agita los cabellos. Ha cogido frío.
—Es su palabra contra la mía —replica.
Las contraseñas son correctas, pero ninguno deja de empuñar el arma dentro de los bolsillos del abrigo y la gabardina, de fingir mirarse a los ojos mientras se estudian mutuamente. Ella piensa que aunque él lleve una pistola en el bolsillo no significaba que no se alegre de verla, él cavila: que no sea un pene, que no sea un pene, que no sea un pene…

Cuando ella abre las piernas, una fanega de arañas huyen despavoridas de sus enaguas de satén para esconderse bajo la cama. Cuando él se rasga el underwear de seda, una bandada de murciélagos se precipita con estrépito de sus ingles por la ventana.
—No sabes cuánto llevo esperando este momento, cariño… —dice él, casto y puro, a treinta segundos exactos que el momento acabe.
Ella se revuelve bajo su peso, no del todo segura de sentirle dentro.
—Y yo, corazón… —dice. Ni te imaginas la tarde que llevo cogiendo bichos, omite.

"ghost fart" photo by banjo d

El Doctor Jeckyll se tiró un pedete. Le echó la culpa a Hyde.

raro y solo

Publicado: septiembre 13, 2011 en citas, ella
Los polos apuestos se atraen.
…y la Bella Durmiente murió, de aburrimiento e inanición, esperando al
Príncipe Azul…. que se había ido a cenar a un restaurante de moda,
con la sexi madrastra de Blancanieves.
(Estupidez 9: Un Cuento)
MA
Aunque —y es una opinión—, la sexi madrastra de Blancanieves no era más que una tapadera, pues resulta evidente, a tenor de su indumentaria, que el Príncipe Azul sólo tenía ojos (permítanme omitir cuántos) para el cazador de Caperucita Roja y bebía por él los vientos (con perdón).
Es de justicia reconocer a MA todo el mérito. En cuanto a posibles querellas, vamos a medias.

 

Disney Heroes. Prince Phillip by David Kawena.

Las musas me llaman. Una de ellas. Me suelta: tengo un micro, apunta. Palpo la mesilla por soleares hasta dar con las gafas. Enfoco el despertador. Va de una muchacha de pelo rojo que le propone un trato a la muerte que no puede rechazar, me ametralla la musa. Paraparapara, me digo.
—¿Pero tú sabes la hora que es? —son las tres y media de la madrugada.
Me reprende a voces. Acaso estaba durmiendo, pregunta. Mi mutis vale por un millar de microcuentos. Está fuera de sí. Debería de estar borracho a estas horas, exclama. Fumando un cigarrillo tras otro frente a la máquina de escribir. Al borde del abismo. Apestando a sudor y desesperación. Husmeo bajo las sábanas, mmm, el nuevo suavizante huele a campiña inglesa destilada. Me espeta que el arte es compromiso. Implicación. Trabajo. Trabajo. Trabajo. Lágrimas. Cabeceando corners alcanzo a oír que el arte no cae del cielo, el arte hay que ganárselo, 24 horas al día, cada minuto, irresponsable, gilipollas.  Yo no hago tratos con fracasados, me escupe a cara a través del auricular. Hemos terminado. Cuelga. Apago el móvil, lo dejo sobre la mesilla, junto a las gafas, y me abandono a un sueño profundo y sin sueños. Dónde estaban su  implicación y su compromiso estas últimas semanas, pregunto. Qué le fuera a otro con ese cuento. Tiempo tendré de arrepentirme por la mañana. Festivos a mediodía.


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