Archivos para mayo, 2011

anuncio por palabras (otro)

Publicado: mayo 27, 2011 en citas, currele
Urge inspiración. Sólo expirando te mueres.
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mismamente

Publicado: mayo 18, 2011 en citas, malafolla, MundoFreak
El dinero no da la felicidad, pero da lo mismo.

lápida LXII

Publicado: mayo 16, 2011 en lápida, teatro

Al microcuentista de metro noventa sólo se le ocurren microcuentos de niebla baja y niños muertos. Necesita poder templar las tripas con algo de luz; una pizca de humor, aunque sea negro. Aunque al final la risa se adivine breve y amarga. Quizá por eso imagine a dos niños bajo tierra, en un cementerio lamido por un sol sin contemplaciones. El niño muerto de la camiseta a rayas acaba de tirarse un pedo que por poco parte la caja. Cuatro tumbas más allá, el niño muerto de las zapatillas de marca ríe como un bendito.
—Tío, estás podrido —dice. El cementerio aulla de risa.

Una mariposa agita sus alas y al otro lado del mundo dos señores se casan.
El Profeta Sexi
(Somewhere Over the Rainbow)

En cuanto se mete en la cama, el amante mediocre tiene los pies de su mujer en los riñones. Trata de esquivarlos bajo las sábanas pero son como un imán, su frío es igual de metálico.
—Cari, ponte calcetines —masculla.
Ella calla. No ronca siquiera. El amante mediocre siente erizársele los pelos de la hucha hasta la nuca. Cari apenas calza un treinta y cuatro, pero son dos treinta y cuatros. Con piel de gallina alrededor de los pezones el amante mediocre enciende la luz de la mesita de noche.
—Cari, coño —protesta.
Ella resta muda en su rincón. Más bonita que nunca. Serenísima.
Sólo entonces repara el amante mediocre en la sombra a los pies de la cama -la clase de sombra que asusta las demás sombras-, hasta donde el techo alcanza. Le dedica una mirada de perro sin dueño, las pupilas dos monedas. La sombra se encoje de hombros, afilados como la guadaña sobre la que sostiene su gravedad funeraria.
Mujeres —dice.
Aún cuando no tiene gracia, las calaveras parecen reír siempre a carcajadas.
Todo tiene su antónimo, su polo opuesto, su némesis. Del mismo modo que una bella durmiente necesita de un príncipe que con su beso la despierte, existe en algún lugar una fea insomne que lleva esperando bastante más de cien años a que un príncipe tenga a bien besarla, para poder, al fin, dormir.