Archivos para marzo, 2011

sobre el carpe diem (pulido)

Publicado: marzo 30, 2011 en reemisión
Lo estamos haciendo. Follando me refiero; haciendo el amor, si no tenéis el estómago muy fino. Ella grita un nombre, no el mío. Yo grito otro, no el suyo; para joderla como a mí me jode. Ella repite aquel nombre con cada embestida. Yo repito aquel otro con el ímpetu de un tren de vapor. Como una pelea a puñetazos. Como dos desconocidos. A lo tonto nos está quedando un buen polvo.

lápida LVIII (lápida con chispa)

Publicado: marzo 29, 2011 en lápida

el culo con las témporas

Publicado: marzo 24, 2011 en citas
El sexo está sobrevalorado. Es carísimo!
En un cuadrante inexplorado del universo, dónde las cartas de navegación estelares auguran monstruos bicéfalos y precipicios sin fondo, la nave espacial Megápolis tiene puestos los cuatro intermitentes. Una cascada de chispazos turquesa ilumina los remaches cromados de la unidad de mantenimiento cuando reinicializa el sistema, pero no suena la flauta.
—Fallo catastrófico, señor —anuncia.
El seguro lleva eones caducado. La ayuda en cosmogalaxia con franquicia y nave de sustitución pueden pintársela al óleo. El robot de mantenimiento accede a la base de datos de sonido para aclararse la garganta. De estar programado para tener miedo estaría agarrado a la lámpara, pero está programado para quitarle hierro al asunto, así que
—¿Puedo hacerle una pregunta personal, señor? —le quita hierro al asunto.
Bajo el condensador de fluzo, a 54 coma 6 grados celsius, el último hombre vivo se encoge de hombros, impotente a pesar de las hormigas que parecen haber anidado de pronto en su escroto. Arreglar durante días algo que se no tiene ni idea le ha hecho sentirse hombre por primera vez desde el último pitillo.
—Dispara.
El robot de mantenimiento le pasa una llave allen del siete. Del siete, del nueve, total. El libre albedrío se le comienza a dar condenadamente bien a J.o.b., casi no se le funden los plomos.
—Anna —dice—. Siempre murmura su nombre en sueños.
Al último hombre vivo ha comenzado a ofenderle el campo de fuerza invisible que ha formado su propio sudor y le encanta.
—Hace siglos —ha olvidado casi todo, pero recuerda el miedo. Miedo al dolor, eso no se olvida—, alguien llamado así me quitó  el sueño.
J.o.p le pasa un destornillador de estrella. Los tornillos de la Megápolis son de ranura simple, pero la prisa es una pérdida de tiempo cuando uno trata con la eternidad.
—Entiendo —a lo lejos acechan precipicios sin fondo y monstruos bicéfalos.
A Pablo Gonz
Érase una vez el cuarto cerdito, aquel marrano calavera que eliminaron del cuento de los tres cerditos por tratarse de un cerdo de categoría, pues érase una vez que enfundado como cada noche en su traje de lobo feroz  a medida —ese  con que engatusaba a las más cerdas— en pos de mayor número de bizarrías (todavía silenciadas) se le ocurrió ponerse una piel de cordero por encima.
sobre el sexo de los angelicos
Las sillas sobre la mesa, el suelo barrido, la máquina de discos apagada, luces a media asta. El tipo deja doscientos pavos en la barra, junto a la botella mediada. Se cala el sombrero, ladeado sobre una cicatriz. De camino a la puerta afila el cuello de la gabardina para encarar la lluvia. La noche es franca, de tan vieja. Un coche pasa despacio, tan despacio, las ventanas bajadas. El tipo enciende un pitillo, da una calada hasta el alma, no hay prisa. No siente la bala. No siente ya nada. Unos tacones doblan la esquina, hieren la acera. tac-tac-tac-tac. Rubia platino, delgada, muy pálida, ojos verdes; tan negro el paraguas.
Ella le tiende un pañuelo blanco, notas cítricas, madera, azahar. El tipo se limpia la comisura de los labios y se lo devuelve, con dos monedas carmesí.
Ella dice:
—Es usted muy testarudo —la voz ronca, de muchacho.
El tipo pellizca el ala empapada del sombrero.
—No menos que usted.
Encara la lluvia desafiándola. Le arde respirar. Siente los ojos verdes clavados en su espalda mojada, encorvándola. Cada paso dobla el esfuerzo del anterior. Rubia platino, delgada, muy pálida. Ha dejado de llover pero la tentación del paraguas es tanta.

secreto de alcoba

Publicado: marzo 10, 2011 en citas, más allá de orión
¿El dedo en el culo?   ¿Está limpio el dedo?