Archivos para enero, 2010

sobre el efecto john wayne

Publicado: enero 27, 2010 en ¿plagio?, microcuentos

El tipo más duro del saloon da una palmada en la barra con una moneda de dólar.
Otra —dice, y se va con dos monedas.

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Si a Cristo le hubieran clavado un clavo en la punta de la polla no habría tantos estigmatizados.

El Profeta Sexi, Entresuelo-C

Dios no existe porque soy yo.

EL Profeta Sexi, 37-22

—¿Tú te acostarías conmigo? —ella necesita aprobación.
—¡Con los ojos cerrados! —dice él. Pretendía ser un sí.

Lápida patrocinada por Eariandes que, sin saberlo, o sabiéndolo perfectamente, acaba de abrir la caja de los truenos. Refranes para la eternidad!

No falta mármol, es así.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

comiéndole la polla.

¿Nunca se han despertado con la sensación de estar siendo observados? A mí me ocurrió esta mañana, a eso de las tres de la tarde. Encaramado al cabezal me topé con la muerte montando guardia a los pies de la cama, tiesa como un poste de teléfonos, seria como un sancristo. Funeraria como suputamadre.
—¡M-me has dado un susto de muerte! —las gónadas en la boca y los esfínteres a punto de caramelo pero el tete jugando con fuego.
Flaca como un pajarito frito, la muerte parecía triste como a un bar cerrado, desamparada como un perro lamiéndose el pijo sobre la tumba de su amo.
—Ese chiste es más viejo que yo —dijo.
Taquicardia, sudor frío, un amago de aneurisma, pipí.
—Si te parece te cuento el del perro Mistetas. —Que levante la mano quién no haya fantaseado alguna vez con estirar la pata de manera heroica y absurda. Oh, sí.
La ausencia de músculos o pellejo no impidieron a la muerte perfilar una sonrisa de cinemascope, muestrario de lápidas por estrenar.
—¿Todavía sigues escribiendo esas historias sobre mí? —afirmó. Los signos de interrogación eran una licencia poética, un pacto de no agresión. Fina ironía.
Le eché la culpa a la inspiración, caprichosa. A las musas, veleidosas. A Terry Pratchett. A la medicación.
De guardia a los pies de la cama, tiesa como el cadalso, seria como un mal arbitraje, funeraria como suputamadre la muerte bostezó en un ángulo 180 grados. Esas cosas se pegan como el amén en una iglesia, aunque temo que aquel reflejo de mi falta de sueño era en su caso síntoma de un profundo aburrimiento.
—La manía que os ha entrado a todos con humanizarme —dijo. No sé si antes o después de que me durmiera.
Cuando bajé a almorzar, a eso de las seis de la tarde, el bonsai que me trajo Papá Noel estaba trasplantado en el jardín, dónde hace años hubo una higuera colosal. Había huellas de pies descalzos en la tierra. Descalzos hasta el hueso.