Archivos para octubre, 2009

lápida XXVII

Publicado: octubre 29, 2009 en ¿plagio?, citas, inocencia, lápida, malafolla

Tengo un superpoder: nadie repara en mí. Los ojos no me ven, los oídos no me oyen. ¿Oís eso? ¿Podéis verlo? Me temo que no.
Soy yo.

sexo anal. dicotomía.

Publicado: octubre 25, 2009 en citas, el profeta sexi

Hombre… por una parte estoy a favor, pero por la otra ni hablar!

Mañana me pongo a dieta, o no entraré en el disfraz de Papá Noel.
Ho, Ho, Jo…
Judas 1-0

secreto a voces 2

Publicado: octubre 21, 2009 en citas

Predicar, siempre. Con el ejemplo, jamás!

El Profeta Sexi 1-1

secreto a voces 1
el profeta sexi

exterior/noche. una ciudad

El tipo saca un cigarrillo para soportar el frío. Una llama surge de la nada, unida a los dedos largos de una rubia platino bajo un paraguas. Notas cítricas, madera, azahar, fósforo, frutos secos. El tipo da una calada hasta donde alcanzan los sueños. Se toca el ala del sombrero para darle las gracias.
La mujer sopla la llama —labios rojísimos, lunar dibujado—, clavándole ésos ojos color absenta que son como dos disparos.
Bajo la marquesina del cine abandonado el tipo fuma y se moja. Nadie podría haber predicho esa tormenta. El tipo mira calle abajo, todavía no sabe que se le ha mojado el cigarrillo.
Perfilada por un relámpago mudo dice la rubia platino:
—No se preocupe, vengo por el otro tipo.
El tipo que se moja bajo la marquesina del cine abandonado siente el peso del revolver en su bolsillo. Nunca ha usado un arma. No esperaba usarla cuando se la metió en el bolsillo. No es de esa clase de tipos.
—Debe ser mi día de suerte —murmura. Hace tanto frío.
Ella le dedica una sonrisa acogedora pero triste.
—Sabes que no —dice, alejándose calle abajo despacio. Encaramada a unos zapatos de tacón de vértigo bajo el paraguas, negro.

Otro fugaz encuentro en blanco y negro

just genial

Publicado: octubre 18, 2009 en amigos, citas, currele, malafolla, microcuentos, MundoFreak, sangre

—Señor, tiene que apagar el móvil, no se pueden llevar encendidos en vuelo.
I don´t speak spanish.
Your mobile phone must be switched off, please.
—No, si lo llevo en modo avión.
—¿No decía que no hablaba español?
What?
(Verídico)

BARBIJAPUTA
un talento de altos vuelos

Al último ser humano le gusta mirar el cosmos por la ventana de su camarote antes de acostarse. Le relaja hablar para sí mismo, para la posteridad de una raza extinguida. A veces, finge que fuma un cigarrillo.
—He visto cosas que nadie creería —dice, tras una calada—: atacar cargueros en llamas más allá de Orfeo. He visto rayos D brillar cerca de las puertas de Selëne. Galaxias fagocitadas por diminutos agujeros de antimateria, lluvias de estrellas turquesa sobre lagos de mercurio carmesí… —El último de su raza deja escapar una furtiva lágrima. El humo del cigarrillo, quizá.
De tener culo, el robot de mantenimiento lo apretaría con todas sus fuerzas. Se huele una de sus perlas de sabiduría desesperada.
—Lo recuerdo, señor —dice fingiendo que recoge la ceniza con la escobilla y una pala.
—Renunciaría a cada uno de esos momentos memorables por poder contárselos a alguien —admite el último ser humano. Los circuitos lógicos del robot de mantenimiento se recalientan para asimilar la frase. Los ojos le dan vueltas, le sale humo por las orejas, y hasta chispas por el culo si tuviera. Putas perlas.
>>Cómo el trío aquel… —murmura el último ser humano. Que experimenta una evidente, incómoda, aunque del todo no molesta, erección —…con las mulatas. Contorsionistas.

El niño de la katana de madera se planta frente al viejo samurai, serio como los funerales. El viejo samurai siente la mano en la empuñadura de la katana de su padre, frío destino aguarda a quieres no burlen su filo. El viento mece el trigo verde, cabellos de sirena a merced del océano de los naufragios. Niño y anciano se acometen sin asustar a los pájaros, sin levantar una brizna de hierva bajo el cielo azul. Un encuentro fugaz en la eternidad del mundo, un parpadeo, pero ningún latido. De espaldas el uno al otro aguardan quien dictamine si caer o vivir con ello. El viejo samurai envaina la katana invisible conque buscó sin piedad el corazón de aquel chiquillo. En los duelos no se finge; la derrota tiene demasiado de verdad. Recuperados los sentidos adivina el golpe de la katana de madera hacerse un hueco en sus costillas. De ser el día y su hora, el viejo samurai sería el primer espectro que cargaría aquel niño el resto de su vida. Un niño que juega a fingir su muerte (cómica, sobreactuada), que ríe como un manojo de cascabeles engullido por el trigo verde.

lápida XXVI

Publicado: octubre 7, 2009 en ¿plagio?, biblia, cine, citas, lápida, malafolla, MundoFreak, sangre

Lápida XXVI (Staros Texas Ranger)
(Aunque Circe también ha tenido algo que ver, con lo de faltarme un poco al ego y todo eso…)

una retrospectiva

Publicado: octubre 4, 2009 en amigos, citas, inocencia

Teníamos muchos pájaros en la cabeza a los quince años. Y en el coño alguno.

La muerte comprueba la dirección dos veces, no le gusta andar asustando a la gente sin porqué. Se quita los anteojos y llama a la puerta. Toc-tocan a muertos. Una adorable ancianita de pelo gris, casi azul, consumida por los años y el alzheimer atisba por una rendija.
—Pensé que no venías —abre la puerta, despacio.
La anciana precede a la muerte hasta el salón, arrastrado los pies artríticos todo el pasillo. 7 metros. 20 minutos de reloj.
—He preparado té —dice.
La muerte lo toma muy dulce. Encuentra las galletitas deliciosas.
—Son de las baratas —reconoce la anciana, dando un sorbito de infusión—. Un capricho.
La muerte toma otra galletita. La anciana esgrime la tetera como si pesara un quintal.
—¿Un poquito más?
La muerte niega con la cabeza. Se sacude las migas de la parca antes de levantarse de la silla. El cráneo pelado roza el techo, aunque esquivó la lámpara por un pelo.
La anciana llena su taza. Despacito.
—No pienso irme sin luchar —avisa.
Desde dónde está, la muerte puede ver el cuerpo de la anciana descomponiéndose en vida sobre la cama de su habitación. No parece demasiado peligrosa.
—¿Otra galletita? —ofrece la ancianita, en el salón.
La muerte reprime un juramento al sorprenderse sentada de nuevo, abanicando la alfombra con los dedos de los pies. Si alguien le tirara un palo lo iba a buscar.
—La última… —murmura.