Archivos para agosto, 2009

Fotografía de Kurokawa Suizan

El viejo samurai contempla el lago con serenidad. A lo lejos, una barca y un muchacho parecen esculpidos en el tiempo y el espacio. El agua es un espejo, un lienzo. Al viejo samurai le hiere su propio reflejo, pero resiste la mirada fría de aquella estampa cruzada de heridas y cicatrices. El muchacho ha pescado una carpa, que se retuerce en sus manos hábiles. La coloca en el cesto sin entusiasmo y lanza al agua el sedal. Ondas imperceptibles lamen la orilla, desdibujando el perfil del viejo samurai, que emborrona su réplica hundiendo en el agua la katana. Hilos fantasmagóricos de sangre se contonean alrededor del acero pulido, disgregándose hasta desaparecer.  Como si no hubieran existido. El agua se aquieta despacio, pero no hay nada que reflejar más que la copa de los árboles y el cielo nublado; la barca y aquel muchacho. Los espectros de los muertos no se reflejan en el agua de los lagos.

sobre las orgías

Publicado: agosto 26, 2009 en ¿plagio?, inocencia, malafolla, microcuentos

El tipo de bigote (uno de ellos; esto son los ochenta, dónde hay pelo hay alegría!) fingió un orgasmo. Nadie se lo tragó.

la inspiración: muy contadas son las veces que me releo y me hago gracia. Contadísimas. Si algún día vuelvo por aquí me arrepentiré mucho de esto. Me conozco. Lo sé. Eras joven e ingenuo Vittt, no te deprimas…

sobre los naufragios

Publicado: agosto 23, 2009 en ella, lápida, microcuentos, sueños

El mar trajo una joven a la orilla. El ladrón de besos había olvidado lo bonita que podía ser una mujer. Su rostro reflejaba paz consigo misma y con el mundo, dormida para siempre en su mortaja de hipocampos y estrellas de mar. El ladrón de besos la enterró con sus propias manos, no porque aún creyera en nada, sino por temor a la que la devoraran las alimañas; no ante sus ojos. Con el paso de las lunas y las olas el mar trajo un anciano a la orilla, bello pese a los años con una misma tristeza inconsolable. El ladrón de besos lo acompañó en la larga búsqueda de aquella joven, una vida de calma y  de tormentas, de piratas y sirenas, y lo enterró junto a ella. En su destierro de lo humano no podía hacer otra cosa que inventar historias; cuentos de un ladrón de besos que nadie conocería. Nunca.

La muerte toma un cortado descafeinado de sobre (no se fía de los de máquina) con tres azúcares y un donut. Son las nueve menos diez de la mañana; se le han pegado un poco las sábanas. Hojea los periódicos: terribles titulares, fotos de pesadilla. Ayer fue un día duro.
Contando un puñado de monedas azucaradas se acerca la muerte al mostrador.
—¿Cobras? —dice.
El camarero acaba de servir un carajillo cargado al vendedor de cupones, ambos parecen abatidos.
—Ya está pagado —dice. Con el mentón señala a una joven sentada al fondo, lleva uniforme de enfermera y tiene los ojos encendidos de haber llorado.
La muerte agradece el gesto con una leve inclinación de cabeza. Le pide dos boletos al vendedor de cupones, que acaben en siete. Uno es para la enfermera: sin rencores.

14:35 p.m.

Publicado: agosto 13, 2009 en ¿plagio?, citas, ella, inocencia, lápida

Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando.
PABLO PICASSO.

Figuras a la orilla del mar. Pablo Picasso, 1931.

Variación VITTT.
La inspiración que me pille follando.

Variación VITTT Extendida.
Y cuando llegue la expiración también.

sobre el carpe diem

Publicado: agosto 12, 2009 en ella, inocencia, malafolla, microcuentos, trenes

Lo estamos haciendo. Follando me refiero; o haciendo el amor, si no tenéis el estómago muy fino. Ella grita un nombre, no el mío, uno. Yo grito otro, no el suyo, para joderla como a mí me jode. Ella repite aquel nombre con cada embestida. Yo repito aquel otro con el ímpetu de un tren de vapor. Como una pelea a puñetazos. Como dos desconocidos. A lo tonto a lo tonto nos está quedando un buen polvo.