Archivos para junio, 2009

edward gorey

La muerte llega a casa radiante, tanto, que no repara en la soledad inconsolable de su estudio diminuto; de tener labios silbaría. Su sonrisa es permanente esté o no de humor, pero hoy la muerte ha tenido un gran día en el trabajo. Un día de puta madre. Un meteorito cayó por la mañana en una guardería. Patapám. 17 niños y niñas cogidos a una cuerda a la muerte cogida —para que no cruzaran la carretera o se perdieran—, cantaban y reían y echaban de menos a los niños y niñas que se habían quedado en la guardería, llorando porque no venían. La muerte les ha llevado al zoo y los monos les han tirado caca. A la muerte la encantan los niños. Los niños son el futuro.

En la nevera ya no le caben tantos dibujos.

estoy muy verde todavía

Publicado: junio 12, 2009 en citas, ella, inocencia, sangre

—E-el tamaño no importa.
—Claro, cómo tú no tienes que meterte dentro todo eso…

—¿Me das un masaje en el cuello? —pregunta ella.
El compañero de curro le desabrocha el primer botón de la blusa.
—Claro.
Ella se abre de piernas.
—Del útero —concreta.
—Oh.

—Hola Bob —el tipo apretó el gatillo; cinco tiros—. Adiós Bob.

sobre la lírica

Publicado: junio 5, 2009 en ella, inocencia, microcuentos

Lleva un rato mirando libros. La cabeza ladeada, el pelo rizado como una guirnalda. Señala un ejemplar único. Lomo rojo, tapa blanda.
—¿Puedo? —pregunta. Bonita hasta decir basta.
El hombre que jamás ha dejado un libro a nadie casi no suda nada.
—Claro —dice.
Ella lo hojea, las pestañas largas. Lee un puñado de versos, moviendo un poquito los labios. Labios de musa, de pecado. Se lleva el libro al pecho, como si se cobijara. Huele sus páginas ajadas. Los ojos cerrados, las piernas cruzadas.
—¿El lavabo? —sonrisa de hada, poemario al sobaco—. Si no leo no cago.

sobre los reos

Publicado: junio 2, 2009 en malafolla, microcuentos
Aprovechando un despiste metí mi ego en el armario; me costó que cupiera entero, aunque el armario es grande, pedazo ropero. Sé que mi ego no saldrá nunca del armario porque es demasiado macho. No hay ego más macho que mío. Tengo el ego con los huevos más grandes y más peludos y más llenos de oh, mierda.