Archivos para abril, 2009

la-lará-larito...

Cuando caperucita roja llegó con la merienda, el lobo ya se había comido a la abuela. Por eso al acercarse a la cama la encontró tan cambiada.
—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes! —le dijo.
—Son para verte mejor —dijo el lobo, con voz de anciana pachucha.
—Abuelita, abuelita, ¡¡qué orejas tan grandes tienes!! —dijo caperucita.
—Son para oírte mejor —dijo el lobo, calándose el gorrito de la abuelita.
Ya se relamía el lobo feroz los dientes afilados cuando dijo caperucita:
—Abuelita abuelita, ¡¡¡menuda polla que tienes!!!
Y quién sabe si de la sorpresa o por darle al título motivo el lobo se mordió la lengua.

Sobre la Cenicienta versión Iversión II

cabana

En la penumbra de una vela que agoniza, la chiquilla venda las heridas del viejo samurai. Es cuanto puede hacer por él ahora.
—Fuera muchos se preocupan por usted —susurra.
El viejo samurai guarda silencio. Aquel silencio que le dedicó cuando cayó a sus pies, despacio, sobre el barro. Sin alma apenas con que aguantar su mirada de ciega.
La muchacha baja los ojos azul cielo, el rubor en sus mejillas hace que deje de parecer un fantasma.
—Siempre he podido ver a los muertos —confiesa. Le besa la frente, que arde de fiebre.
La procesión de víctimas del viejo samurai aguarda muda bajo la lluvia. No tienen más lugar a dónde ir que hacia el final de ésta historia.
Suyo es el destino de los riachuelos y la soledad de las caracolas.

una para la lápida XXI

Publicado: abril 10, 2009 en amigos, ella, inocencia, lápida

Si hubiera sabido antes lo que sé ahora, me habría comprado una moto.

Fallecí hace como quince días, pero ése es el menor de mis problemas ahora; busco piso. No tengo dónde caerme muerto.