Archivos para abril, 2009

Me escapé de casa para enrolarme en el circo. Tenía nueve años. Les llevaba perros abandonados a las fieras, que las devoraban de un bocado. Aprendí a volar en el trapecio pero aterricé en la grada. Dos muertos. Cojo y contrahecho me pinté la cara. ¿Quién dijo que los payasos debían de tener puta gracia?

Y el último ser humano sobre la pinche faz de la Tierra estornudó.

Charles Robb, Yawn

Quien que no te contagia el bostezo (un bostezo sincero y espontáneo que sólo aspira a su reflejo, su propagación muda), ésa persona no existe.

A no ser que quien no exista seas tú.

eufonía

Publicado: abril 24, 2009 en ¿plagio?, citas, ella, inocencia

Qué bien suena mi nombre en tus labios: Atanasio…

Al anochecer el mar se puso bravo, más bravo que nunca, y devolvió a la playa —una a una— las almas de los marineros muertos, que por una noche (aquella noche de vendaval y horizonte de relámpagos) pudieron reencontrarse con los suyos; y hablaron de sirenas de pezones de cereza y de terneras de dos cabezas, de tesoros hundidos y de susurros de camposanto;  sin fuerzas ya para bailar cantaron hasta perder la voz aquella noche de tempestad, cuando las olas trajeron a la playa las almas de marineros muertos, almas en pena que al arrullo de los cuentos de fantasmas y de las hogueras y del ron gozaron de tal borrachera, que casi se les había olvidado quienes eran cuando por sus nombres —uno a uno— los reclamó el mar.

aceptación y ruego

Publicado: abril 19, 2009 en amigos, ¿plagio?, currele, ella, sangre, sueños

Soy un tipo afortunado; sólo que me gustaría ser un tipo afortunado con suerte.

Hace mucho que nadie me parte la cara; algo no debo estar haciendo bien.

la-lará-larito...

Cuando caperucita roja llegó con la merienda, el lobo ya se había comido a la abuela. Por eso al acercarse a la cama la encontró tan cambiada.
—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes! —le dijo.
—Son para verte mejor —dijo el lobo, con voz de anciana pachucha.
—Abuelita, abuelita, ¡¡qué orejas tan grandes tienes!! —dijo caperucita.
—Son para oírte mejor —dijo el lobo, calándose el gorrito de la abuelita.
Ya se relamía el lobo feroz los dientes afilados cuando dijo caperucita:
—Abuelita abuelita, ¡¡¡menuda polla que tienes!!!
Y quién sabe si de la sorpresa o por darle al título motivo el lobo se mordió la lengua.

Sobre la Cenicienta versión Iversión II

cabana

En la penumbra de una vela que agoniza, la chiquilla venda las heridas del viejo samurai. Es cuanto puede hacer por él ahora.
—Fuera muchos se preocupan por usted —susurra.
El viejo samurai guarda silencio. Aquel silencio que le dedicó cuando cayó a sus pies, despacio, sobre el barro. Sin alma apenas con que aguantar su mirada de ciega.
La muchacha baja los ojos azul cielo, el rubor en sus mejillas hace que deje de parecer un fantasma.
—Siempre he podido ver a los muertos —confiesa. Le besa la frente, que arde de fiebre.
La procesión de víctimas del viejo samurai aguarda muda bajo la lluvia. No tienen más lugar a dónde ir que hacia el final de ésta historia.
Suyo es el destino de los riachuelos y la soledad de las caracolas.

una para la lápida XXI

Publicado: abril 10, 2009 en amigos, ella, inocencia, lápida

Si hubiera sabido antes lo que sé ahora, me habría comprado una moto.

Fallecí hace como quince días, pero ése es el menor de mis problemas ahora; busco piso. No tengo dónde caerme muerto.