Archivos para febrero, 2009

La última máquina dejó de estar operativa al cuarto garrotazo. El primer mono a dos patas continuó sintiendo curiosidad un rato.

Anuncios

Murió el último ser humano. El robot lloró.

Con una simple llamada de teléfono móvil desde el atasco, el hombre de negocios enciende las luces del porche de casa, sube dos grados la calefacción y le baja cuatro al vino, enciende la chimenea, calienta la cena, prende las falsas velas, pone música de saxofón, aroma de lavanda en el humidificador e hincha la muñeca.

una para la lápida XXII

Publicado: febrero 17, 2009 en cine, ella, inocencia, lápida

portero

En el minuto noventa y cuatro de partido, con el marcador cero a cero, el esférico llegó a Jesús que, con un suave toque con la pierna izquierda, lo elevó por encima del portero, lejos de su alcance. Gol.

sobre la sinceridad

Publicado: febrero 12, 2009 en 2003, ella, lápida, malafolla, microcuentos, sueños

Como siempre que terminan de hacer el amor, ella le susurra al oído lo bien que ha estado; no entiende como puede aguantar tanto, es increíble; jamás ha habido nadie como él, nunca; la vuelve completamente loca, hace que le tiemblen las piernas, que sienta volar; pierde el mundo de vista. Con ello espera que permanezca la noche en vela, abrazándola.
—Dime tú algo bonito —le pide al cabo, melosa.
Él la besa.
—Las tetas de tu hermana —dice.
Ella se da la vuelta.
—Cabrón.
Él sonríe. Ha jugado bien sus cartas.
—A mí me gustan —miente. Al rato, duerme.


Con su varita mágica, el hada madrina convirtió la calabaza en una hermosa carroza. Después convirtió a varios ratones en briosos caballos, que enganchó a la hermosa carroza. A una rata la convirtió en un fornido cochero y a varias lagartijas en lacayos lameculos. Cenicienta no salía de su asombro cuando el hada madrina tocó con la varita mágica sus pobres vestidos y estos acabaron convertidos en un lindo traje; que le sentó como un guante cuando le bajó el escote y le aumentó tres tallas de sujetador.
-Pica -se revolvió Cenicienta, incómoda.
El hada madrina le dio un codazo en las costillas; pícara, no pudo por más que confesar:
-Ingles brasileñas.

más de lo mismo