Archivos para noviembre, 2008

sobre la fe

Publicado: noviembre 29, 2008 en 2003, ¿plagio?, biblia, citas, lápida, microcuentos

Y al tercer día, Elvis resucitó.

será solo un momento

Publicado: noviembre 26, 2008 en citas

Lavidaesdemasiadocortaparavivirdespacio.

sobre el mundo animal

Publicado: noviembre 25, 2008 en General, lápida, microcuentos

Si al pájaro enjaulado le hubieran dado de comer las sobras de la abuela, como le daban al perro, se hubiera muerto de sentimiento. Si le hubieran dado las sobras del padre, como le daban al perro, hubiera muerto del colesterol y los triglicéridos. Si le hubieran dado las sobras de la madre, como le daban al perro, hubiera muerto hipoglucémico. Si le hubieran dado las sobras de la hija mayor, como le daban al perro, se hubiera muerto de hambre. Si le hubieran dado las sobras del hijo mediano, como le daban al perro, hubiera muerto borracho perdido. Si le hubieran dado las sobras del bebé, como le daban al perro, hubiera muerto antes de echar los dientes. Pero como nadie en aquella casa le daba de comer, el pájaro enjaulado murió de puro viejo.
¿El perro? Oh. Nunca tuvieron.

segundas oportunidades

Publicado: noviembre 22, 2008 en citas, ella, General, lápida, malafolla

Si volviera a nacer cometería los mismos errores, pues es algo inevitable. Pero además cometería un montón de herrores nuebos!!!

una para la lápida XVIII

Publicado: noviembre 20, 2008 en lápida, microcuentos

Entre las cumbres blancas una sombra oscura avanza.
—¿Te envía mi mamá? —le pregunta un pastorcillo.
La sombra asiente. El viento aulla, la nieve muerde.
El pastorcillo la coge de la mano y se levanta.
—Creí ya que no venías —dice.
Entre las cumbres blancas la sombra oscura avanza, en una mano un niño juega; en la otra una guadaña.

teología de primero

Publicado: noviembre 15, 2008 en 2003, ¿plagio?, biblia, citas, General

Por tentar a Eva, Jehová Dios maldijo a la serpiente entre todas las bestias, condenándola a morder el polvo y andar sobre su pecho todos los días de su vida. Lo que da a entender que las serpientes, al principio -sino piernas-, tenían patas.

La maldad de una bruja malísima (o hada envidiosa, qué importa) la llevó a dormir cien años (¡de una tacada!). La (intrépida) lengua de un gallardo príncipe (que bien pudo pudo ser azul, total…) rompió el encantamiento. <<Cásate conmigo>>, dijo él. Ella (una monada, oh) se revolvió bajo las sábanas blancas (acartonadas por un siglo de baba y legañas y… no pregunten), el dedo que se pinchó con el huso entre los labios carmesí.
—Cinco minutos más… —protestó.

más cuentos para niños

Tomaba el aperitivo en la terraza de un bar cuando la vi sentarse en la mesa de al lado (sentarse en una silla, se entiende), bajo el parasol de propaganda. Era bonita, la chica me refiero; las sillas no estaban mal. Había visto demasiadas películas como para que el camarero no se acercara con el agua del tiempo que la joven (de ahí lo de chica) había pedido, y una bolsa de ganchitos que la hizo dudar adorablemente.
-De parte del señor -dijo el camarero, señalándome.
Ella me dedicó una sonrisa que adiviné triste, pero qué sonrisa no lo es hoy en día, maldita sea.
-Soy celíaca -dijo.
Acerqué la cerveza y la libreta de las historias a su mesa. La mano tendida, la sonrisa franca.
-Yo Vittt, encantado.

a quien pueda interesar

Publicado: noviembre 7, 2008 en citas

Meo sentado. ¿Acaso ser un vago me convierte en menos hombre?

El homínido primero se puso a dos patas para sentenciar:
E, igual a eme, ce, dos.
El homínido nº2 asintió con la cabeza.
—Pero de aquí a que sirva de algo… —murmuró.
El homínido primero volvió a ponerse a cuatro patas.
—Eso sí —dijo.
Y continuaron masturbándose como monos.

EN UN FUTURO NO MUY LEJANO, a la gente se le extirpaba genéticamente la capacidad de ser desgraciada. Algunos no obstante, los rebeldes que se negaban a ver el negro color de rosa, luchaban contra esa tiranía de la sonrisa a base de pastillas. Comprimidos prohibidos que los deprimían hasta el suicidio. Llegó el día que gran parte de la gente feliz reflexionó sobre el echo de no sentir dolor (pena, lástima) por aquellos que, a su alrededor, preferían la muerte a la alegría. La felicidad les había hecho insensibles al sufrimiento ajeno y saberlo no les cambiaba para nada el humor. Por eso muchos, la mayoría, todos en definitiva, vieron en aquellas pastillas prohibidas el último reducto de humanidad al que aferrarse que tenían.

Al calvo del fondo le pesan los párpados un quintal. La joven que imparte el curso sobre el nuevo programa informático para gestionar el almacén lleva dos horas hablando. Bla-bla, bla-bla. El calvo del fondo remata un córner. Uuuy! El tipo sentado a su lado hace malabarismos con el bolígrafo de propaganda, aburrido. La joven continúa hablando. Que si patatím, que si patatám. El calvo del fondo toma conciencia súbita de haberse quedado dormido, incorporándose en la silla como accionado por un resorte. Toinnnnnng. Siente que todos le miran. Con un hilo de voz pregunta al tipo sentado a su lado si ha roncado. Éste hace que no con la cabeza, despacito; el bolígrafo de propaganda en el suelo. El calvo del fondo suspira desnudo. Su ropa esparcida por toda el aula. El vapor de sus nalgas empequeñeciéndose en la pizarra y los cristales de la ventana.

La inspiración.
La realidad supera la ficción, pero no tiene ni la mitad de gracia.