guardavidas

Publicado: septiembre 27, 2008 en 2003, ella, General, lápida, macrocuentos, microcuentos, sangre, sueños, trenes

Se conocen en un tren. Él mira el paisaje desierto mientras toma un café solo en el vagón restaurante.
—Bonito, ¿verdad? —ella se presenta. Mar. <<¿Pero Mar de Mar, Mar de María, Mar de Maribel, de Margarita?>>—. Mar de Mar.
—Mejor.
—María es bonito —ella pide otro solo.
—Me gusta María de María y Mar de Mar —estrechan sus manos, muy firme—. Martín.
Hablan de la infancia. Descubren que tienen mucho en común; los dos fueron gordos de niños y adelgazaron durante la adolescencia. Ella es pintora, él escritor. Ni ella ha vendido un cuadro, ni él ha publicado un cuento. Tienen la misma edad. El mismo número de cicatrices. Dos. Una en el mismo sitio, que todavía escuece.
—Comienza a parecerse a una de mis historias —él.
Ella.
—Me encantan las historias.
Él le cuenta que un hombre y una mujer se encuentran en un tren, en el vagón restaurante. Hablando como si se conocieran descubren que tienen muchas cosas en común. Ambos adelgazaron durante la adolescencia, ella pinta, él escribe. Todo parece casualidad, pero las coincidencias llegan al extremo de nacer el mimo día, a la misma hora, haber tenido la misma pesadilla recurrente desde los ocho años. Reconocen en el otro la propia sonrisa. Han marchado en busca de sí mismos y se han encontrado reflejados en los ojos de en un extraño. Alguien que después de mucho tiempo sonríe. Piensan que el destino les ha unido. Que la búsqueda ha terminado. Ésas cosas. Cuatro kilómetros después, en un cambio de vías estropeado, el tren descarrila.
—No es un final feliz —ella paga los cafés.
—Yo creo que sí. Con aquella sonrisa las barreras a su alrededor se desmoronan, las puertas se abren, respiran el aire del exterior que vuelve a hacerles daño.
Ella asiente.
—Bajo en la próxima —dice.
Se despiden despacio. Sin tocarse.
—Te daría mi número si tuviera teléfono. Lo quemé todo.
Sonríen por segunda vez.
—Yo también.
Ella baja del tren en un apeadero desvencijado y quebradizo por el viento del desierto. Él todavía sonríe cuando la locomotora entra a toda velocidad en la vía equivocada.

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comentarios
  1. kiram dice:

    Las casualidades no existen, o eso dicen. Hermoso. Volver a sonreír antes de que todo acabe siempre es un buen final.

  2. vittt dice:

    sonreír siempre es un buen final,
    o principio.

  3. eariandes dice:

    por lo menos se fue feliz, su destino se había cumplido

  4. vittt dice:

    veo que no soy el único que cree que no se salva.
    pero el cuento tiene su propia opinión, quien sabe…

  5. kiram dice:

    El futuro es siempre un final abierto.

  6. Alan dice:

    Muy bueno, me gustó mucho.

  7. Pecosa dice:

    Me he quedado muda, vittt.
    De vuelta las cicatrices, de vuelta los trenes.
    Creo que ya sé qué voy a soñar hoy.

  8. vittt dice:

    sueña bonito, pecas

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