el síndrome del camarero de bar

Publicado: marzo 15, 2008 en amigos, currele, ella, General, lápida, malafolla, sangre, sueños

Últimamente todo el mundo me cuenta sus penas. Enseguida se me sincera la gente. No me molesta, se me da muy bien dar consejos que no sigo. Es un arte. Lo jodido es que nadie se preocupa por las mías, de penas. La miserables penas que uno también tiene acumulándosele en las tripas.
No pienso contárselas, no teman.

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comentarios
  1. Bursuab dice:

    Hay que tener cuidado con eso de contar las penas. A lo mejor a quien se las cuentas saca una suya de seguido y te pega una patada en los güevos. Pero tampoco es bueno guardárselas. ¿Qué hacer con ellas? Las malditas son como residuos nucleares. Quizás en estos casos el mejor remedio sea la retórica, que, a su pesar, ya habrá quien la entienda. Dicen que lo mejor es cantar. Dicen que “quien canta y baila, su pena espanta”

  2. vittt dice:

    Por desgracia yo canto fatal.

  3. Pecosa dice:

    Sería porque debes tener cara de buena gente. Tienes que practicar delante del espejo una cara de mala folla. Funciona, aunque no siempre: a veces ni con cara de borde me he librado de que me cuenten alguna desgracia.

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