sobre el país de siempre jamás

Publicado: noviembre 8, 2007 en General, microcuentos, sueños

El Hombre Del Saco metió al Niño Que No Se Quería Comer Las Acelgas en el ídem por el pescuezo y se lo llevó —llorando— a su cubil infecto. Cuando el Hombre Del Saco lo sacó —llorando— del ídem, en su cubil infecto, el Niño Que No Se Quería Comer Las Acelgas se vió rodeado de miles de chiquillos. De su edad algunos, mayores hasta la senectud el resto.
—No tengas miedo —le dijeron, felices—. Esto es genial.
El Niño Que No Se Quería Comer Las Acelgas dejó de llorar cuando le aseguraron que allí nunca comían verdura, que se ponían hasta el culo de chuches y de patatas fritas; y que podían ver la tele hasta las tantas, y ensuciarse la ropa cuanto les diera la gana, y decir palabrotas, y jugar a médicos, y a papás y a mamás, y contestar mal a los mayores, y jugar a la pelota en casa, y salir a la calle lloviendo, y eructar en la mesa, y tirarse pedos, y jugar con fuego…
Mientras los chiquillos enumeraban —en cuerpo o espíritu— las ventajas de vivir en aquel cubil infecto, el Hombre Del Saco arrastró el ídem por el suelo hasta el teléfono, que no dejaba de sonar todo santo el día. No eran pocos los padres que querían darle a sus hijos malcriados un buen escarmiento.

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comentarios
  1. […] El niño le pide al padre que le de un yogur de fesra. El padre le dice que se lo dará si lo dice b… […]

  2. Pecosa dice:

    Jo. Pues a mí que me amenazaban, me amenazaban y nunca venía, el tío este. ¿Tu crees que aún me dejaría ir, aunque sea un día?

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