tren de vida

Publicado: septiembre 9, 2007 en General, MundoFreak

Seis horas de viaje para estar siete con mi sobrino (cuatro de ellas las ha pasado durmiendo) y tocarle la barriga a mi hermana; lleva una sobrina. ¿Compensa? Oh, sí.

La ida ha sido tranquila hasta que se han sentado conmigo una preadolescente con la edad del pavo que olía a chuches y su tía; por la forma en que criticaba a las tías maternas de la chiquilla, intuyo que hermana del padre. La mujer, ya crecidita, es de las que están en la honda, que oyen la misma música que las niñas a las que triplican la edad y visten si fa no fa. Eso ha sido después de pasar frente las calles de mi infancia (siguen igual) sin que me invadiera la nostalgia.

La vuelta ha sido movidita.
Primero una pareja haciéndose arrumacos durante paradas y apeaderos en los que uno no sabía dónde mirar. Ella mayor que él. Cuando le ha dicho que tenía 22, ella se ha horrorizado, creo que sinceramente.
-¡No eran 23! –ha dicho.
Luego ha murmurado que era una asaltacunas. Unos cálculos rápidos me han llevado a la conclusión que ella había cumplido por lo menos los 30.
-¿No habrás hecho nada que no quisieras, verdad? –le ha dicho también.
De la cara de satisfacción del chaval, deduzco que no.
Como deduzco que ha sido su primera salida juntos. Quizá su primera vez. Que hace poco que son pareja. Que saben muy poco el uno del otro porque entre beso y caricia se han contado batallitas de primero de básica. Que hacían buena pareja.

Mientras, en el asiento de delante, una pareja adolescente jugaban a meterse los dedos en la nariz respectivamente, hasta que el colega ha comenzado sangrar y ha tenido que atornillarse un kleenex en la fosa nasal. Les ha hecho mucha gracia.

Por último una mujer alta como un sancristo. Sin maquillar, pelo corto con canas, gafas de fina montura metálica, vestida de rojo de cabeza a los pies. Se ha sentado a mi lado, tiesa, zen. Con las manos en el regazo, palmas hacia arriba, creo que rezaba. No era para menos, de fondo una conversación padre comprensivo hijo cabrón. Mientras el niño decía a gritos que iba a matar a su hermana (juro que no me invento nada), su padre, con una serenidad desesperante, insistía en que hablara como las personas, que las personas no gritaban. Que si quería ir a la cárcel. El niño ha dicho que le daba igual ir a la cárcel, y que iba a matar a su hermana y que… iba a matarla. Eso último al menos lo ha dicho como las personas.
Luego nadie. A casa.

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comentarios
  1. kiram dice:

    Vaya, me gusta ver como has evolucionado “literariamente”, claro. Es curioso… Seguiré hurgando en tu pasado (jua jua jua), es igual de desconocido como tu futuro! Pero mas accesible 😉

  2. Pecosa dice:

    Maaarededeusenyor, y yo me quejaba de mis viajes en los Rodalies…

    ¿Compensa? Oh, sí. Más majo…

  3. abivoila dice:

    hoy dos comentarios a precio de uno, que estamos a viernes, tiremos la casa por la ventana!
    compensa? oh sí!…. directamente a la patata 🙂

    solía subir a ver a mi chico en tren, iba bien preparada de música, algo para picar y mi ebook, me encantaba.

    • vittt dice:

      viernes locos!
      compensa todavía que entre los dos se apañan para absorberme del todo la energía, a la vez que me recargan las pilas.

      leer, picar algo, observar a la gente, escribir en tren son algunos de los grandes placeres de la vida. más alguien te espera en la estación; es mejor no pensar en la vuelta todavía.

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