Siempre supo que amaría. Y que tras un corto periodo de plenitud, de felicidad absoluta, iba a morir. Por eso escapaba cada vez que sentía algo más que curiosidad o deseo por alguien. Hasta que la (le, lo, las, les; se trata de en una historia universal) conoció. No tuvo tiempo de huir, ni se [...]
Archivos de la categoría ‘historias de la mera muerte’
sobre la impepinabilidad del ser
Posted: diciembre 1, 2011 in historias de la mera muerte, inocencia, malafolla, microcuentos, sueñossobre la banda sonora de un momento
Posted: octubre 20, 2011 in blanco y negro, cuentos para enfants terribles, ella, General, historias de la mera muerte, microcuentos, sangrePrimero la siente en los huesos, el perfume llega luego. Calles mojadas por la lluvia, madera, flores marchitas. Frutos secos. La rubia platino se acoda a la barra de espaldas, para mirarle con esos ojos absenta que lo apuñalan. Rubia platino, lunar dibujado. Cereza los labios. —Fea herida —aquella voz de muchacho. El tipo mira [...]
sobre tener los santos cojonazos de hacer pasar por musa el vil plagio (ya te vale vittt)
Posted: septiembre 12, 2011 in ¿plagio?, cuentos para enfants terribles, General, historias de la mera muerte, malafolla, microcuentos, rimming…y la Bella Durmiente murió, de aburrimiento e inanición, esperando al Príncipe Azul…. que se había ido a cenar a un restaurante de moda, con la sexi madrastra de Blancanieves. (Estupidez 9: Un Cuento) MA Aunque —y es una opinión—, la sexi madrastra de Blancanieves no era más que una tapadera, pues resulta evidente, a [...]
sobre la inspiración (disponibilidad o muerte)
Posted: septiembre 9, 2011 in cuentos para enfants terribles, ella, historias de la mera muerte, los perros sueñan en blanco y negro, malafolla, microcuentos, sangre, sueñosLas musas me llaman. Una de ellas. Me suelta: tengo un micro, apunta. Palpo la mesilla por soleares hasta dar con las gafas. Enfoco el despertador. Va de una muchacha de pelo rojo que le propone un trato a la muerte que no puede rechazar, me ametralla la musa. Paraparapara, me digo. —¿Pero tú sabes [...]
sobre los detalles que valen por una vida
Posted: agosto 5, 2011 in historias de la mera muerte, inocencia, microcuentos, sueñosCuando el marido de la protagonista despierta, se topa de frente con el desayuno y la muerte. Huevo cocido, tostadas con mermelada, zumo de naranja recién exprimido, café con leche, jarrón con flor, el periódico y la muerte hasta dónde el techo alcanza. El marido de la protagonista se siente abrumado cuando la parca le [...]
sobre los apuntes de un día de mierda
Posted: mayo 13, 2011 in cuentos para enfants terribles, el niño zombi, historias de la mera muerte, inocencia, lápida, malafolla, microcuentos, MundoFreakAl microcuentista de metro noventa sólo se le ocurren microcuentos de niebla baja y niños muertos. Necesita poder templar las tripas con algo de luz; una pizca de humor, aunque sea negro. Aunque al final la risa se adivine breve y amarga. Quizá por eso imagine a dos niños bajo tierra, en un cementerio lamido [...]
sobre la temperatura ambiente
Posted: mayo 5, 2011 in historias de la mera muerte, malafolla, microcuentos, sueñosEn cuanto se mete en la cama, el amante mediocre tiene los pies de su mujer en los riñones. Trata de esquivarlos bajo las sábanas pero son como un imán, su frío es igual de metálico. —Cari, ponte calcetines —masculla. Ella calla. No ronca siquiera. El amante mediocre siente erizársele los pelos de la hucha [...]
sobre las preciosas criaturas (versión desoladora)
Posted: febrero 21, 2011 in cuentos para enfants terribles, historias de la mera muerte, inocencia, lápida, microcuentos, sueñosLa niña sin ojos estaba sentada en el portal, viendo pasar los espectros de la gente que iba a trabajar. El sol perfilaba los edificios cuando el espectro del carnicero del barrio se detuvo a preguntarle dónde estaba su mamá. —Mi madre está muerta —respondió la niña sin ojos. El espectro del carnicero del barrio [...]
sobre los ovinos mantras (revisitado)
Posted: enero 19, 2011 in historias de la mera muerte, malafolla, microcuentos, sangre—¿Cuantas ovejas tiene? —pregunta el enésimo funcionario gubernamental. —Nunca las he contado —dice el pastor. El enésimo funcionario gubernamental saca un bolígrafo. Abre el portafolios. —¿Me permite? —Adelante. El pastor comienza a liarse un cigarrillo, despacico; es cuestión de minutos que el enésimo funcionario se quede dormido y no vuelva a despertar. Algo tendrán que [...]
sobre esta noche y las noches como ésta que la precedieron
Posted: diciembre 24, 2010 in cuentos para enfants terribles, historias de la mera muerte, inocencia, microcuentosA Pecs Papá Noel aparca el trineo sobre el tejado a dos aguas. Se embute en la chimenea con dificultad un tanto cómica, arrastrando por la nieve el saco lleno de regalos que uno espera no resulten demasiado delicados. En el salón, casi a oscuras, roe desganado uno de los bastoncillos de apio crudo que [...]
sobre el desamparo (diciembre)
Posted: diciembre 8, 2010 in blanco y negro, historias de la mera muerte, lápida, microcuentosUntada al suelo, la niebla se posa en el cementerio como un ave de mal agüero que empollara sus polluelos. Un anciano ronda ciego entre las tumbas y los mausoleos. <<Vaya un día de perros>> murmura descompuesto, porque —de vivo— estos días le daban miedo.
sobre la altura mínima de las atracciones
Posted: noviembre 25, 2010 in cuentos para enfants terribles, currele, historias de la mera muerte, inocencia, lápida, microcuentos, sangre, trenesTiene cuatro años y lleva a la muerte cogida de la mano. De la otra un globo rojo y un helado; de tres bolas. —¡Genial! —dice la niña. Bien pudiera haber sido un niño de cinco años, o tener siete recién cumplidos, pero cada cual tiene su propia historia, y esta trata de la muerte [...]
sobre el vecino del cuarto segunda que siempre saluda en el ascensor
Posted: noviembre 5, 2010 in historias de la mera muerte, malafolla, microcuentos, sangreTodos tenemos un muerto en el armario, uno como poco. El mío se llama Federico. Como buen muerto en el armario murió vilmente asesinado. Treinta y siete navajazos, me entretuve a contarlos. Federico es buen tipo, apesta apenas y no me guarda rencor. —Pronto serás tú el muerto en el armario de alguien —me dice [...]
