Archivos de la categoría ‘cuentos para enfants terribles’

Son los príncipes los que salen rana, no al revés.

Primero la siente en los huesos, el perfume llega luego. Calles mojadas por la lluvia, madera, flores marchitas. Frutos secos. La rubia platino se acoda a la barra de espaldas, para mirarle con esos ojos absenta que lo apuñalan. Rubia platino, lunar dibujado. Cereza los labios. —Fea herida —aquella voz de muchacho. El tipo mira [...]

El Doctor Jeckyll se tiró un pedete. Le echó la culpa a Hyde.

…y la Bella Durmiente murió, de aburrimiento e inanición, esperando al Príncipe Azul…. que se había ido a cenar a un restaurante de moda, con la sexi madrastra de Blancanieves. (Estupidez 9: Un Cuento) MA Aunque —y es una opinión—, la sexi madrastra de Blancanieves no era más que una tapadera, pues resulta evidente, a [...]

Las musas me llaman. Una de ellas. Me suelta: tengo un micro, apunta. Palpo la mesilla por soleares hasta dar con las gafas. Enfoco el despertador. Va de una muchacha de pelo rojo que le propone un trato a la muerte que no puede rechazar, me ametralla la musa. Paraparapara, me digo. —¿Pero tú sabes [...]

Al microcuentista de metro noventa sólo se le ocurren microcuentos de niebla baja y niños muertos. Necesita poder templar las tripas con algo de luz; una pizca de humor, aunque sea negro. Aunque al final la risa se adivine breve y amarga. Quizá por eso imagine a dos niños bajo tierra, en un cementerio lamido [...]

No hasta la noche de bodas (este es un micro decente) pudo el príncipe comprobar  cuan largo y dorado tenía Rapunzel  el pelo.

(Dissabte nit. No hi ha manera de que s’adormin) EL TETE—. Què vols ser quan siguis gran, B? EL MEU NEBOT, 4 ANYS—. Jo paleta, com el papa. EL TETE—. I tu, P, què vols ser quan siguis gran? LA MEVA NEBODA, 3 ANYS—. Jo… (s’ho pensa una estona) papallona! (De matinada encara rèiem. Puta [...]

  Cuando la bella durmiente abrió los ojos, los muslos pegados al pecho le impedían respirar. Las rodillas en las orejas iban y venían trayéndole recuerdos de océanos enteritos metidos en caracolas de mar. El príncipe azul tardó un minuto en dejar de percutir su corazón púrpura en la flor de la princesa. Gracias a [...]

A Pablo Gonz Érase una vez el cuarto cerdito, aquel marrano calavera que eliminaron del cuento de los tres cerditos por tratarse de un cerdo de categoría, pues érase una vez que enfundado como cada noche en su traje de lobo feroz  a medida —ese  con que engatusaba a las más cerdas— en pos de mayor [...]

Cacao 70% La lechera vendió el cántaro de leche por un precio razonable. Con el dinero compró un canasto de huevos, de los que sacó cien pollos, que cambió por un cerdo —al que engordó hasta el límite del cuero—, con el montante de venderlo adquirió una vaca y un ternero, que le dieron leche [...]

Éramos tan feos que nuestro primer hijo lo tuvimos que tirar.

La niña sin ojos estaba sentada en el portal, viendo pasar los espectros de la gente que iba a trabajar. El sol perfilaba los edificios cuando el espectro del carnicero del barrio se detuvo a preguntarle dónde estaba su mamá. —Mi madre está muerta —respondió la niña sin ojos. El espectro del carnicero del barrio [...]

La princesa y el príncipe se conocieron con el beso que hubo de unirles felices por siempre jamás. Y las nubes se levantaron y el sol iluminó el valle antaño sombrío y las palomas blancas volaron con la nueva hacia el cielo tan azul y los pajarillos recién nacidos trinaron asomaditos al nido y los [...]