Tres y media de la tarde. Treinta y siete grados centígrados. Treinta y ocho. Tres y treinta y tres. Un niño con cara de viejo y un viejo con cara de niño juegan al veo-veo. Empieza por eme. —La… muerte —dice el niño con cara de viejo. El viejo con cara de niño asiente, en [...]
Archivos para abril, 2010
sobre los baldíos parques
Posted: abril 29, 2010 in cuentos para enfants terribles, General, historias de la mera muerte, inocencia, lápida, llengua materna, microcuentossobre el you’ll never walk alone
Posted: abril 20, 2010 in cuentos para enfants terribles, el niño zombi, inocencia, lápida, los perros sueñan en blanco y negro, microcuentosEl niño zombi no está solo en este mundo, porque tiene un amigo. Un perrito atropellado. Un perrito zombi. Los perros zombi son mejores que los perros normales, porque los perros normales persiguen a los niños zombis para comérselos. El perrito zombi no puede correr deprisa porque esta muerto y porque sólo tiene tres patas, [...]
sobre el sistema métrico y la ley de la ficción universal
Posted: abril 14, 2010 in ¿plagio?, biblia, citas, currele, el niño zombi, General, historias de la mera muerte, lápida, malafolla, microcuentosMe estoy midiendo la polla y en esas entra la muerte. —El niño zombie —no se anda con chiquitas—. ¿Qué sabes de él? Mi corazón no está para estos trotes, pero de todo hace uno callo. Sólo espero que mi hora llegue con los calzoncillos limpios, que no puestos. —Sé lo mismo que tú —si [...]
Hinchar una muñeca —hinchable— puede provocar un ligero mareo y cierto desconsuelo en el estómago muy parecidos al enamoramiento. Sobretodo si la muñeca —hinchable— tiene las tetas grandes.
Guardo en una caja los besos que no te dí. Anoche metí el último. No considero haber desperdiciado ni uno solo de esos besos, pero hay más peces en el mar. Es hora de soltarse del madero. Nos vemos. sobre los naufragios
sobre las curvas del tiempo y el espacio
Posted: abril 3, 2010 in inocencia, lápida, microcuentos, sangre, sueñosEl arquitecto renqueó hasta su casa con la cabeza bajo el brazo. Con la cabeza apoyada en el regazo se sentó en el sofá a esperar. El llanto le hizo rodar la cabeza por el suelo, del susto. Un llanto infantil y primigenio, desesperado. En la habitación de invitados encontró la cuna, azul con conejitos [...]
