No fuman, lo dejaron cuando les entregaron a la niña; lo echan de menos después de joder. Amanda está recostada sobre el pecho de Martín, Martín juega con los tirabuzones del pelo de Amanda.
—¿Piensas en ella cuando lo hacemos? —pregunta Amanda.
Martín opta por ser sincero, siempre lo ha sido. La sinceridad es más fácil de recordar.
—Nunca —asegura, el pelo de Amanda huele tan bien—. Pienso en ella cuando subimos en el ascensor, cuando doblamos sábanas, cuando cenamos sobras o cuando discutimos —Amanda siente una punzada de celos, ellos muy raramente discuten—. Cuando lo hacemos —dice Martín— sólo tengo fuerzas para pensar en ti.
Martín no necesita contar ovejas para que lo venza el sueño. Amanda tampoco.
—¿Tú piensas en él? —Martín bosteza.
Amanda es sincera, siempre lo fue consigo misma. La sinceridad cuesta menos trabajo.
—Todo el tiempo… —dice. Acaba de dormirse.
Martín también.
Sobre los fantasmas del pasado (presente y futuro)
Posted: diciembre 22, 2009 in microcuentos, sueñosComentarios


Ah, lo que pudo ser…
Pienso que los dos piensan demasiado…
me encanta el final…”Martin tambien”…porque hay muchas cosas que podrían ser ese tambien…se puede elegir?
siempre que las cosas no nos elijan se puede elegir, nunu.
me gusta pensar eso. aunque no mucho
eso es peor que los “cuernos” (infidelidad), estar con alguien e imaginarse a otra persona…
lo peor es el miedo a la soledad
Aunque parezca trillado, mejor solo que mal acompañado; o bien, mejor solo que… patada en los cojones
pero ay cuando la peor compañía es uno mismo…
“sólo tengo fuerzas para pensar en ti” Me parece una frase impactante.
La gran pregunta: ¿hay que contarlo todo?
hasta la última coma. para eso está la ficción